
Me parece importante compartir con ustedes que, a pesar de vientos y mareas, hoy cumplimos con mi marido 10 años de casados, es decir nuestras bodas de lata.
Recuerdo que casarme un “Día de la lealtad” fue para mi padre radical de pura cepa, un golpe bajo que pudo superar con los años.
Y en un mundo que propone cuestiones extrañas, como renovar el matrimonio cada 7 años, tal como planteó una legisladora alemana hace tiempo atrás, imagino que es meritorio haber cumplido diez años de contrato y tener intenciones de renovarlo, al menos por un tiempo más.
Y no quiero dejarme influir por el significado de la “lata”, ya que los sinónimos de la palabra son joroba, rollo, pesadez, mareo, y ni hablar si el envase está herrumbrado.
Será un verdadero desafío ponerle la “p” a la lata.
La fotografía es del banco de imágenes "andalucíaimagen"

